Me enseña una foto.
-Este vestido lo he retocado a lo largo de los años, tiene casi 80 años... -pues parece muy moderno, pienso yo.
-¿Pero eres tú la persona que lo lleva? -digo mientras acaricio con mis dedos los bordes del papel.
-Claro que soy yo, mira bien la foto.
Efectivamente. Miro la cara, es ella de joven. Pensaba que era otra persona. Su cara se va haciendo más familiar a mis ojos, poco a poco. Redescubro sus rasgos. Desde luego, es ella, con 25 o 30 años, tan llena de vida, siempre la recuerdo justo así, tan llena de vida... En el recuerdo fotográfico, ella está de pie, al lado de un diván en el cuál hay una chica mucho más joven vestida de novia, con los pies descalzos, la mirada triste, ella le acaricia su pelo, la foto es tan antigua, de color sepia. No oso preguntarle qué le pasa a la chica de los ojos hinchados ¿Cuánto tiempo habría estado llorando? ¿Horas? ¿Días? Imagino que no se casó con la persona a la que estaba esperando ¿Qué le habría pasado a su prometido? O quizás todo es al revés ¿No deseaba casarse y se estaba viendo obligada a ello? ¿Deseaba a otra persona?
Agarro bien fuerte su brazo, con todas mis fuerzas, no quiero que se vaya jamás. Pienso, “No te vayas por favor, no te mueras”. Comienzo a llorar desesperadamente, pero sin gemir, simplemente llorando, siento cómo las lágrimas recorren mi mejilla, mi cuello, mi torso, mis brazos, mis manos, mis dedos. La miro con ternura, abrazando su brazo izquierdo mientras me sigue enseñando fotos y explicándome historias que se esconden detrás de ellas. Pero yo no la escucho, y ella no se percata de mi dolor ni me mira a los ojos. Observo el perfil de su cara, mientras articula palabras. Lloro más que nunca. No, no te mueras...
- ¿Estás bien?
- Sí.
Desaparece, se desmaterializa. Me quedo yo solo sujetando nada. Ahora sólo es aire. Me quedo yo solo, yo solo con las fotos, mirando su cara de felicidad en esta y luego en aquella... Tan inocente siempre, como una niña, más que una niña... Y la mente tan blanca y pura...
-Este vestido lo he retocado a lo largo de los años, tiene casi 80 años... -pues parece muy moderno, pienso yo.
-¿Pero eres tú la persona que lo lleva? -digo mientras acaricio con mis dedos los bordes del papel.
-Claro que soy yo, mira bien la foto.
Efectivamente. Miro la cara, es ella de joven. Pensaba que era otra persona. Su cara se va haciendo más familiar a mis ojos, poco a poco. Redescubro sus rasgos. Desde luego, es ella, con 25 o 30 años, tan llena de vida, siempre la recuerdo justo así, tan llena de vida... En el recuerdo fotográfico, ella está de pie, al lado de un diván en el cuál hay una chica mucho más joven vestida de novia, con los pies descalzos, la mirada triste, ella le acaricia su pelo, la foto es tan antigua, de color sepia. No oso preguntarle qué le pasa a la chica de los ojos hinchados ¿Cuánto tiempo habría estado llorando? ¿Horas? ¿Días? Imagino que no se casó con la persona a la que estaba esperando ¿Qué le habría pasado a su prometido? O quizás todo es al revés ¿No deseaba casarse y se estaba viendo obligada a ello? ¿Deseaba a otra persona?
Agarro bien fuerte su brazo, con todas mis fuerzas, no quiero que se vaya jamás. Pienso, “No te vayas por favor, no te mueras”. Comienzo a llorar desesperadamente, pero sin gemir, simplemente llorando, siento cómo las lágrimas recorren mi mejilla, mi cuello, mi torso, mis brazos, mis manos, mis dedos. La miro con ternura, abrazando su brazo izquierdo mientras me sigue enseñando fotos y explicándome historias que se esconden detrás de ellas. Pero yo no la escucho, y ella no se percata de mi dolor ni me mira a los ojos. Observo el perfil de su cara, mientras articula palabras. Lloro más que nunca. No, no te mueras...
- ¿Estás bien?
- Sí.
Desaparece, se desmaterializa. Me quedo yo solo sujetando nada. Ahora sólo es aire. Me quedo yo solo, yo solo con las fotos, mirando su cara de felicidad en esta y luego en aquella... Tan inocente siempre, como una niña, más que una niña... Y la mente tan blanca y pura...

2 comentarios:
David, fotos son recuerdos, recuerdos de aquello que tenemos y no tenemos, de aquello que vivimos y sentimos, de aquello que perdimos y mas nunca recuperaremos. Me ha gustado mucho. Me ha hecho acordarme de mi primo, que decidio dejarnos y nunca le pregunte si estaba bien, se fue, y nunca le pregunte si estaba bien. Me gusta mucho como escribes, pero eso ya lo sabes...
H.
Henri?? Oh!! Gracias!!
Te quiero mucho, ahora me gustaría que estuvieras aquí y te daría un abrazo bien grande!!!
Te echamos de menos!!!
Muak!!!
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