domingo, 25 de mayo de 2008

PIEDRAS

He descubierto una piedra verde en la orilla del mar. Es virgen. Nunca antes había sido tocada por nadie. Me lo ha confirmado el susurro de las olas.

Esta mochila de excursionista me ha acompañado en incontables ocasiones. He subido cimas con ella tras mi espalda. He visitado ciudades algunas más aburridas y otras más interesantes. He recorrido países y atravesado mares siempre con ella como mi única acompañante. Pero su contenido es esta vez diferente, ya no transporta tiendas de campaña, ni sacos de dormir, ni fiambreras, ni siquiera una sola prenda de vestir.

Algunas piedras son grandes y otras más pequeñas. Diferentes colores, texturas, formas e incluso sabores. Acarreo con todas las que se cruzan en mi camino, definiéndome por aquellas que ejercen una atracción magnética hacia mí. Las introduzco en mi mochila, y cuando ésta ya está llena, en los bolsillos de mis pantalones y de mi abrigo de pana. Evidentemente, ahora me cuesta un poco caminar.

Un instante de reflexión: Me siento en un montículo cercano a la orilla del mar. Observo las conchas blancas que hay sobre la arena, vestigios de antigua vida marina. Miro hacia el horizonte en este hermoso anochecer. Dejo la mente en blanco. Respiro. Inspiro. Me incorporo. Me reafirmo en mis convicciones. Poco a poco voy sintiendo como el agua salada va impregnando mi piel. Cierro los ojos y camino hasta el final.

DUERMEN

Ellos duermen tranquilamente. Cada anochecer les doy las buenas noches. Paseo ante sus literas y amablemente me despido hasta que salga el sol. Buenas noches Manuel, buenas noches Victoriano, buenas noches Irene, buenas noches Mercedes, buenas noches Antonio, buenas noches Gloria y Rafi... Y así continuamente... Pero es muy difícil recordar sus nombres, ellos son tantos, tantísimos y yo sólo uno... ¿Qué somos más que polvo?¿Qué somos más que aire?... Tardo horas en despedirme de todos... Al menos sé que yacen felices, sin nada que perturbe sus sueños, sus ahora dulces sueños. Cierro la verja del cementerio, de forma que nadie pueda entrar hasta el día siguiente. Nadie.

domingo, 18 de mayo de 2008

FOTOS

Me enseña una foto.

-Este vestido lo he retocado a lo largo de los años, tiene casi 80 años... -pues parece muy moderno, pienso yo.
-¿Pero eres tú la persona que lo lleva? -digo mientras acaricio con mis dedos los bordes del papel.
-Claro que soy yo, mira bien la foto.

Efectivamente. Miro la cara, es ella de joven. Pensaba que era otra persona. Su cara se va haciendo más familiar a mis ojos, poco a poco. Redescubro sus rasgos. Desde luego, es ella, con 25 o 30 años, tan llena de vida, siempre la recuerdo justo así, tan llena de vida... En el recuerdo fotográfico, ella está de pie, al lado de un diván en el cuál hay una chica mucho más joven vestida de novia, con los pies descalzos, la mirada triste, ella le acaricia su pelo, la foto es tan antigua, de color sepia. No oso preguntarle qué le pasa a la chica de los ojos hinchados ¿Cuánto tiempo habría estado llorando? ¿Horas? ¿Días? Imagino que no se casó con la persona a la que estaba esperando ¿Qué le habría pasado a su prometido? O quizás todo es al revés ¿No deseaba casarse y se estaba viendo obligada a ello? ¿Deseaba a otra persona?

Agarro bien fuerte su brazo, con todas mis fuerzas, no quiero que se vaya jamás. Pienso, “No te vayas por favor, no te mueras”. Comienzo a llorar desesperadamente, pero sin gemir, simplemente llorando, siento cómo las lágrimas recorren mi mejilla, mi cuello, mi torso, mis brazos, mis manos, mis dedos. La miro con ternura, abrazando su brazo izquierdo mientras me sigue enseñando fotos y explicándome historias que se esconden detrás de ellas. Pero yo no la escucho, y ella no se percata de mi dolor ni me mira a los ojos. Observo el perfil de su cara, mientras articula palabras. Lloro más que nunca. No, no te mueras...

- ¿Estás bien?
- Sí.

Desaparece, se desmaterializa. Me quedo yo solo sujetando nada. Ahora sólo es aire. Me quedo yo solo, yo solo con las fotos, mirando su cara de felicidad en esta y luego en aquella... Tan inocente siempre, como una niña, más que una niña... Y la mente tan blanca y pura...

domingo, 11 de mayo de 2008

SECUENCIAS

falta una pieza del engranaje
¡cuántas secuencias se suceden en tu mente!
¿cómo actuar ante una ausencia?
la presencia es efímera aunque no lo parezca
el recuerdo es eterno quizás a veces
no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos
¿qué es más doloroso ver morir a alguien poco a poco
muy poco a poco
o que te lo arrebaten de golpe?
¿qué secuencias se suceden en tu mente?
¿sus últimas palabras?
¿su última sonrisa?
¿vuestra última pelea o la más fuerte de todas?
cuántas cosas se dicen que no se sienten
echas de menos sus caricias
buscas una foto un retrato
esta misma de joven
tan alegre y tan llena de vida
cuántas cosas se sienten que no se dicen
estaba tan llena de vida
son sólo secuencias

domingo, 4 de mayo de 2008

LAS SILLAS

Las sillas me dan miedo. Me dan miedo las sillas en una habitación vacía. Ellas como único elemento que visten un cuarto. Tanto da que sólo haya una, o que sean veinte, que sean cómodas o duramente incómodas. Dispuestas en una esquina o justo en medio... Una estancia de lujo, o una mezquina con paredes sucias y pintura desconchada... Siempre son siniestras. Quizás representan la ausencia, la de todos aquellos que han estado sentados sobre ellas y que nunca jamás volverán a hacerlo de nuevo. Tal vez simbolizan la muerte.

COLECCIONES



Coleccionas libros, algunos son nuevos, otros son viejos. Fotografías de personas, algunas sigues tratando, otras olvidadas o pasadas a mejor vida. Fotografías de lugares donde has estado, algunos cercanos, otros lejanos a los que nunca volverás. Muebles y electrodomésticos con los que hacer más llevadera la vida diaria. Estanterías, sillas, cocinas. Cuadros, macetas, vajillas. ¿Qué hacer cuando todo se derrumba?¿Cuando las paredes se vienen abajo?¿Cuando el techo desaparece y con ello tu mundo? Coleccionamos cosas.

Coleccionan ropa. Montones. Toneladas. Millones y millones de prendas. Anillos que se han intercambiado los prometidos. Collares, pendientes. Más joyas, todas las joyas del mundo. Metales dorados y piedras preciosas. ¿Valor económico o valor sentimental? Tal vez las dos cosas. Cucharas, tenedores, cuchillos. Juguetes de madera, de plástico, de tela con los que entretenerse los niños en la siniestra espera. Monedas, billetes. Dinero. Coleccionan cabello, trenzas, coletas. Grasa son la que hacer jabón. Cuerpos raquíticos desnudos, despojados de dignidad. Millones y millones y millones. Fosas comunes. Adultos y niños. Mujeres y hombres. Muertos, decapitados, gaseados, torturados.

Coleccionamos fotos para no olvidar.